martes, 16 de noviembre de 2010

La Verdad en los Kalinga



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"La Verdad en los Kalinga"

En una aldea filipina, al norte de la isla de Luzon, los Kalinga tenían una tradición antiquísima denominada, en español, “La fiesta de la Verdad”. Verdad traducida al español, verdad que no tiene que ver con lo que los Kalinga consideraran verdadero o falso. Verdad que podría reducirse o ampliarse a lo circulante y latente, atravesado por lo no dicho.
Bien podría habérsela llamado Fiesta de la Sinceridad, también significada al español, pero no hay traducción posible que abarque todo lo que acontecía, lo que se manifestaba y lo que no. Sucedía a fin de año, que no por azar, no caía en diciembre. Allí concurría cada aldeano y cada aldeana, se colgaba en la espalda un pequeño trozo fino de madera y los demás aldeanos y aldeanas debían clavar, pegar o sostener sobre ella algún tipo de símbolo de lo que querían comunicarle. Lo que se comunicaba era SU verdad, su deseo, su imposible. Podía llamarse la fiesta de lo no dicho. Todo lo que durante el año
Kalinga no se había verbalizado, se simbolizaba sobre esa madera que yacía sobre la espalda de cada aldeano.
Sin edades. Sin escalas. Sin jerarquías. La Fiesta de la Verdad era el momento oportuno para que cada quien pusiera en la espalda de cada cual lo que necesitaba quitar de sí mismo.
Con el correr de los siglos, pasadas las invasiones Españolas, Japonesas y Estadounidenses, las tablas se fueron transformando en hojas. Los símbolos se fueron transformando en tinta. Y a veces, sin hojas y sin tinta, solo con voces. Lo importante era poner en otro lo no dicho, hacerlo visible, darle realidad.
El problema más grande se presentó cuando un aldeano concurrió a la última fiesta de la verdad, con su hoja y su tinta. Abrió la puerta. Y se encontró solo. Su hoja vacía pesaba más que nunca y su tinta se en agua corriente bajo sus pies; verdades que brotaban a borbotones, sin hoja para escribir, sin oído al cual hablarle
Su saliva, su sangre, su semen, su sudor… Todo su cuerpo se preparaba para la verdad. Pero su tinta y su voz debieron correr, hacia márgenes impensadas, hacia hojas ausentes, en laberintos desorbitantes de silencios inesperados.
En mi Fiesta de la Verdad, sola me encontré, con el peso desgarrador de mis hojas en blanco, con la tinta desgajando cada parte de lo que no llegue a decir.
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Letra de "Dejate Convencer"

Déjate convencer.
Ya habrá alguien que se haga cargo de recoger las culpas de este pecado.
A donde iré, sin este abrazo.
No te puedes negar, no sea que nuestro pasado nos llegué a atrapar.
Esta noche está en nuestras manos decir alguna verdad
que ya, que ya mentimos a diario.
Anda, echa un vistazo a tu alrededor, no seas tonta,
mira que no hay un alma que llevarse a la boca,
que hay que repartir caricias y esta noche me toca.
Que yo también comparto los mismos miedos,
también busco una cinta para atar el tiempo.
También arrastro conmigo una cadena de sueños
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