domingo, 26 de diciembre de 2010

Fin de semana acido



Los pensamientos llegan caprichosos, incontrolables, emotivos, desafiantes.
Revolucionando los ambientes mas tranquilos, siempre llega alguien para decir:
"Viste lo que pasó en...?"
Y automáticamente mil opiniones, mil intercambios ficticios de ideas, mil posicionamientos teóricos y prácticos. Imaginando ojos que me miran desafiando mis ideas, imaginando un silenciamiento repentino.

Y libros. Y textos. Y canciones.

Un fin de semana litoral, lleno de olvido, de sonrisas, de tardes duras, de viajes omnipotentes y de canciones bizarras.

Gracias Anto :) Recuerdo la noche en que era imposible acordarme la letra.

ºOo  [ cuando tu agrietada fe descascare voy a ser quien te estreche el corazón... la noche sagrada en que me hables y digas "A ver, te voy a creer", no pienso perder  ] oOº

El argentimedio y su odio al otro (J.P. Feinmann)

El argentimedio y su odio al otro
por José Pablo Feinmann


Sé que la frase –elaborada esencialmente por filósofos– la otredad del Otro ha merecido algunas bromas. Pero no hay fórmula filosófica que no las merezca si alguien se propone hacerse el gracioso a su costa. No me río ni hago bromas sobre ese concepto que he enunciado: la otredad del Otro revela una condición trágica e insoluble de la condición humana. La otredad del Otro es aquello que establece al Otro en mis antípodas, que lo privilegia como objeto central de mi odio, que puede hacer de mí muchas cosas que no desearía ser. No ser un asesino, por ejemplo. Cuando la otredad del Otro llega a su extremo intolerable para aquel que lo considera su Otro, la más frecuente solución es matarlo. El odio con que muchos hablan de eso que hoy han establecido como el Otro lleva a preguntarse a qué extremo serían capaces de llegar. Sobre todo porque el Otro del que hablan no los afecta directamente. Ya sabemos que la Argentina se ha deslizado de un Otro a Otro y a Otro: el gauchaje federal, el malón, la inmigración, el cabecita negra, la guerrilla, los piqueteros, etc. Siempre se necesita otro. Alguien en quien depositar el odio. Hoy, el Otro es el inmigrante. No sólo aquí. La furia es generalizada. El muro que levanta Bush contra los mexicanos. Los musulmanes de Sarkozy. Los “indeseados” de Berlusconi. A comienzos de la década del ‘90, ya Samuel H. Huntington decía que los nuevos problemas serían el Islam y los inmigrantes no deseados.

El argentimedio (que es el argentino de clase media, aunque no es toda la clase media porque ésta no es un bloque homogéneo, aunque prevalezcan en ella valores escasamente ligados a la insolidaridad) es alguien que suele considerarse –así lo dice– el jamón del sandwich. Bien analizada, esta condición no debiera ser indeseable, ya que sin jamón no hay sandwich, ya que el que come un sandwich lo come más por el jamón que por el pan o por ambas cosas. Pero la expresión señala una incomodidad: estar en el medio, apretado entre dos cosas que están en dos extremos diferentes: una parte del sandwich y la otra. Una arriba, otra abajo. El jamón, en el medio, pareciera ser la víctima de su situación en el mundo. No está en ninguna de las dos partes y no sabe a cuál pertenece ni a cuál adherir, aunque quisiera estar arriba. El argentimedio no quiere estar donde está. Necesita algo que le dé importancia. Que haga de él algo distinto de lo que es. Sale de esta situación por medio de Otro a quien odiar. “¡Nos vienen a robar el país!” dice el argentimedio de los bolivianos, los paraguayos y los peruanos, a los que ha bautizado con nombres despectivos. Bolitas a los bolivianos, por dar un ejemplo.
“¿A usted le ocuparon algún terreno?”, se le pregunta. “No.”

–Entonces, ¿por qué le vienen a robar el país?

–¿Cómo por qué? Porque nos vienen a sacar el trabajo.

–¿A usted le sacaron algún trabajo?

–No.

–¿Qué país le vienen a robar?

–¿Cómo qué país? Este, el mío.

–¿Usted cree que este país es suyo?

–Claro, yo soy argentino.

Lejos está de advertir el favor inmenso que le hace el inmigrante al que odia. De pronto, el argentimedio es propietario. Tiene un país. Un país codiciado. Si no, no vendrían a robárselo. De pronto, es poderoso. La Argentina es suya. El, que era un rata como cualquier rata que anda por ahí, que era un empleado con un jefe que le arruinaba la vida, con una mujer o un marido o una familia a la que apenas aguanta, o que anda en un tacho desde el que arroja todo su odio sobre el mundo en general, que escucha las radios de derecha, que ve la TV vómito, ahora, súbitamente, habla en nombre de algo que le pertenece: el país. ¿Quién se lo dio? El Otro. El boliviano. El boliviano le dio la Argentina que, sin él, jamás habría tenido.

Ahora es poderoso. Es un terrateniente. O habla como uno. Dice las palabras que decía Cané en los círculos oligárquicos de principios del siglo pasado:

–Nos vienen a quitar lo nuestro. Quieren entrar en nuestros salones. Los argentinos cada vez somos menos.

Cualquier argentimedio puede decir durante estos días:

–Los argentinos cada vez somos menos.

¡Qué enorme favor le ha hecho la otredad del Otro! La otredad es todo aquello que hace que el Otro sea el Otro. El Otro es negro, es feo, es sucio, es extranjero, es un invasor. El, no. El es argentino. Con el solo hecho azaroso de haber nacido aquí le alcanza. No necesita hacer nada más. Es argentino. Y el bolita le ha permitido sentir que la Argentina es suya. Tanto lo necesita que –si no existiera–, tendría que inventarlo. Sartre, en su ensayo sobre la cuestión judía, dice que si el judío no existiera, el antisemita lo inventaría. Lo mismo aquí: si el bolita no existiera, el argentimedio, el argentimedio(cre), el xenófobo, el racista, ese hombre pequeño que necesita odiar para existir, lo inventaría.

martes, 7 de diciembre de 2010

Loca

No los conocía más que de nombre y llegó a mis manos esta canción. No son muy de mi estilo, ni siquiera sé si tengo un estilo para la música. Pero cuando escuché la letra pensé que había llegado en el momento justo.

Que lo disfruten :)

http://listen.grooveshark.com/#/s/Loca/3elLbz

Canción: Loca
Artista: Tan Biónica

Loca vos no entendés nada de vivir.  Se fueron con septiembre tus ganas de mí.  Y una forma errante de permanecer llenó de noches todo nuestro amanecer.

Loca vos no entendés nada del amor.


Yo no puedo cantar Blackbird como Paul.

Loca, tengo ganas locas de volver como flores que volvieron a crecer. Loca, me gustás así de loca, inestable y caprichosa. Mucho mejores que el vino son los besos de tu boca.

Y tal vez es porque vivo de la forma en que mal vivo que te digo lo que digo, que me encuentro tan perdido.

Loca, sólo lo que escribo es lo que soy y no tengo mucha energía para hoy. Loca, tengo ganas locas de volver como flores que volvieron a crecer.

La nostalgia es un espejo que duplica lo vivido, rescatando nuestro tiempo de las garras del olvido. Y es que no tengo más nadie que pelear más que conmigo porque eternos como el tiempo son las noches y el vacío.

Porque nado hasta encontrarte en este salvaje río. Porque no me queda nada que perder que lo vivído.

Loca, vos no entendés nada del amor. Loca, vos no entendés nada de vivir

martes, 30 de noviembre de 2010

Procastinación



Siempre recostada en mi lugar, la observaba atentamente.

Ella parecía afectada por el tiempo, por sus palabras. Tenía en su rostro la expresión del silencio desgajado, de las palabras pronunciadas a destiempo, del grito a los cuatro vientos de un murmullo que debería haber permanecido oculto.
Ella caminaba por la calle.
Paso cansino. Manos temblorosas. Ojos húmedos.
A la vista, se mezclaban la ansiedad y la fatiga, las ganas y el desprecio, el alivio y el arrepentimiento.
Yo la veía desde lejos, como quien mira a un extraño. Sin nada para decirle. Era la primera vez que yo estaba ahí.
Desde mi lugar la escuchaba murmurar:- “Mejor la honestidad que el silencio”.

Quizás se equivocaba.  A veces, el silencio es lo más honesto.  La honestidad podría ser la limosna que te ofrece el destino cuando te desarma el corazón.  Si es que existe el destino.

- No siente nada – habían opinado.
- Tiene miedo - le habían dicho.
- No sabe - le habían afirmado.
- No puede - habían concluido.

- No soy nada para ella - sintió.
Y calló a las otras voces.

Yo seguía mirándola. Había ahí cierto brillo que era mío.
Seguí sus pasos durante algunos metros. Quizás habría preferido sentarse, pero siguió caminando. Sus piernas se doblaban a cada paso. Un esfuerzo sobrehumano la ayudaba a mantenerse en pie.

Podía decirse por su rostro que durante días debía haber estado buscando la forma de articular el caudal que le corría por las venas y los poros. Aquella sensación que abroquelaba los túneles y las estaciones, los mares y bahías, que le estremecía el cuerpo. Noches imaginando que besaba otros labios, que tocaba otra piel. Semanas pensando en ella. En respetar. Es dejar ir.

Pero esa tarde el momento había llegado. Su corazón agitado hacía temblar sus labios, su pecho, sus ojos se movían, no podían mantener la mirada. Su cigarrillo consumía las ansiedades, pero también su respiración. Sentía que se ahogaba. Ponía en presente sus temores más antiguos, sus verdades más silenciadas. Tyché.
Allí estaba su espejo.

-¿Qué pasa? – le preguntó.
- Me pasás vos - dijo.

El silencio fue su respuesta.  En la garganta le quedaron cientos de miles de minúsculos fonemas sin articulación. Cientos de palabras amontonadas en un rincón que ya no vería. Su cuerpo alborotado, su corazón alucinando, sus manos esperando otras manos. No sentía nada. Aunque todo pesaba en ella.
Vacío. Esa era la sensación que la llenaba.

- ¿Qué voy a hacer ahora? - pensó.
Rechinar los dientes. Volver. Retomar. Esperar. Ansiar. Redactar. Buscar.
Olvidar.
-Aclaremos las cosas – le dijo.
-¿Cuándo te vuelvo a ver? – preguntó
-Yo te aviso – respondió.
Y decidió dejarla ir. Respetó su silencio, estrujó su corazón. Palidecieron sus mejillas.  Se agolpó toda la sangre en su pecho. Y ahí comenzó a caminar.
Desde ese momento la sigo. Parecía no saber a dónde ir. Se subió a un colectivo, y yo me subí con ella.


Abrí los ojos.
Intentar seguir cada uno de mis movimientos esa noche podía resultar algo bueno.  Me levanté, prendí un cigarrillo y con una sonrisa, disfruté el fin de mi procastinación.

domingo, 28 de noviembre de 2010

The Beatles -Let It Be



And when the broken hearted people living in the world agree, there will be an answer.
Let it be.
For though they may be parted there is still a chance that they will see, there will be an answer.
Let it be.
Let it be.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Damien Rice: 9 Crimes (live)




Aprieto mis dientes, los hago espada y pared.

Me duermo en una brisa con aroma a distancia.
Confirmaciones. Avances. Rupturas. Te acercás sin acercarte, con un juego que entreveo y no distingo.

Encontraré un hueco que me permita ingresar en lo más interno de tu intimidad, lo que nadie conoce. Bordearé tu pudor, chocaré con él sin vencerlo. Te dejaré en la intimidad que por intriga me conquistó. La pregnancia de tu imagen es mi otro.

Me extiendo hasta vos, me animo hacia vos y resulta hasta siniestro este paisaje.
Verte tan viva, y tan cercana a lo real. No forzarte. Amar la no complementariedad que no nos distingue. Verte eterna.

Realmente soñé con tus manos. Volvé a darme tus manos. Extendelas hacia mi, no las separes de las mías. Quiero quedarme con ellas. Voy a sostenerme en tus manos, te doy las mías para que las guardes. Son tuyas. Aunque otra cintura sean su guarida.

Como mis ojos, que te ven en otros ojos. Te escapas. Y aparecés en otra piel.
Que no es la tuya, pero bien podría serlo. Aunque ni siquiera sepas que te pienso tanto.
Quiero que mis brazos se queden en tu cintura, más de lo debido.

Fue un giro. Una mirada. Un guiño de ojos. Tu reconocimiento. Tu saludo. Mi identidad. Mi ser conocido por tu ser. Tus besos enviados con y sin cariño, tus dudas y certezas. Mi llamado por mi ser. Y no por quien digo ser. Tus ojos. Mi encuentro con tu mirada. Nuestra mirada. Tu gesto. Mi risa. Tu risa. Mi espera. Nuestro encuentro.


Tu pelo. Tus mejillas. Tu cuello. Tus labios. Tu perfume. Tu espalda. Tu cintura. Mi piel. Mi tacto. Mi olfato. Mis delirios. Mis miedos. Tus muñecas. Mi sorpresa. Tus insignias.

Mis ganas.

Tus horarios confundidos. Mis martes eternos.

Jugaré con mis huecos imperfectos a ser el anillo que tus manos necesitan, que tus extensiones reclaman. Que tu cuello llamó a alzarse en rebelión contra lo permitido. Lo reglado. Lo esperado.

Me callo si te miro.
Animate a mi silencio.

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Damien Rice - 9 Crimes

Leave me out with the waste
This is not what I do
It's the wrong kind of place
To be thinking of you
It's the wrong time
For somebody new
It's a small crime
And I've got no excuse
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viernes, 19 de noviembre de 2010

La Serpiente y Mr. Musculo

Ví en la TV la propaganda de Mr. Músculo, en la cual una caricatura de hombre se aparece en la cocina sucia de una mujer y la ayuda a limpiar, antes de que llegue el resto de la familia. Se ve una mujer agotada, incapaz de limpiar, que no sabe por donde empezar, completamente abatida. Y llega el Hombre. Llega Mr. Músculo. ¿Mr Músculo?
Tras varios minutos de asociación libre, comencé a pensar y a redactar, podría decirse verborrágicamente, lo que sigue.
¿Cómo se llamaba el árbol del cual comieron Eva y Adán? ¿El orden “Adán – Eva” será una simple cuestión alfabética? El árbol del cual comieron Eva y Adán era el árbol de la ciencia del bien y del mal. El árbol del conocimiento. Perdieron el paraíso por desobedecer órdenes y probar los frutos del conocimiento. Ni metáfora ni metonimia.

La serpiente se lo propuso a Eva y Eva se lo propuso a Adán. Adán aceptó.

La serpiente fue condenada a arrastrarse durante toda su vida. ¿Era una serpiente hembra o macho? Es de suponer que era hembra. Nada más dañino que una hembra, la versión animal de la mujer humana. No es humana, no es hombre y le propone a Eva probar los frutos del conocimiento. No puede estar en el paraíso.

Eva, que fue creada por Dios, sería a partir de entonces el mensajero del diablo, puesto en la tierra para tentar al hombre de Dios. Así lo sostenían Heinrich Kramer y Jakob Sprenger, en el “Malleus Maleficarum”, libro que guiaba las torturantes prácticas de la “Santa Inquisición”. Las brujas demostraban a la mujer en estado natural, porque la brujería es producto de la escandalosa lujuria que solo portan las mujeres.

La serpiente fue condenada a arrastrarse sobre su vientre por toda la eternidad por decirle a Eva: “No es cierto que morirán. Es que Dios sabe muy bien que el día en que coman de él, se les abrirán a ustedes los ojos”.

A la mujer se la condenó al dolor en el parto y a la dependencia al hombre: “Multiplicaré tus sufrimientos en los embarazos y darás a luz a tus hijos con dolor. Siempre te hará falta un hombre, y él te dominará”. Si la mujer nació de la costilla del hombre, ¿por qué será ella la que dependa del hombre y no el hombre el que dependa de su propia costilla? ¿Era la costilla del hombre o el mensajero del diablo?

Al hombre se lo condenó diciendo: “Por haber escuchado a tu mujer y por haber comido del árbol que YO te prohibí, maldita sea la tierra por tu causa. Con fatiga sacaras de ella el alimento todos los días de tu vida”. No solo lo condenó por comer del árbol. Lo condenó también por escuchar a su mujer. Obediencia (no) debida. Y el hombre fue condenado.

A la serpiente, a arrastrarse. A la mujer, al dolor, a la maternidad y a la dependencia al hombre. Y al hombre se lo condena a trabajar. Mundo público y privado. La mujer condenada al dolor es, en ese mismo acto, condenada a la maternidad y a depender de un hombre al que ella debilita. ¿Lo debilita por tentarlo con una manzana o por dejarlo sin costilla?

 El hombre fue simplemente condenado al trabajo.

¿Por qué era necesario? ¿Qué relaciones de poder estaba legitimando este discurso? ¿Por qué se sostuvo, se tomó como legítimo y así se mantiene?

La mujer en el hogar, la perfecta ama de casa. Y el hombre afuera. Adentro. Afuera. Privado. Público. Y todos construimos y compramos el mito.  

Mujer, en tanto madre. Mujer, en tanto limpia con el gran falo de Harpic, el Kohinoor que te divierte en los días de lluvia o el poder de Mr. Músculo. Mujer, en tanto cocinera. Mujer, en tanto bella. Mujer, en tanto nutricia. Mujer, en tanto administradora.

Y siempre para otro.
Mujer en tanto olvido.
Debemos olvidarnos de que somos seres humanos que gozamos, que tenemos deseos, somos seres sexuados, que amamos, que conocemos, trabajamos, reímos, lloramos, producimos. La mujer - madre en la casa.  La mujer - madre es débil.  El hombre produce.  La mujer reproduce. 

Lo que sea distinto, debe encerrarse en el hogar, proveer de cuidado, querer a los niños.  Programas de estupidización femenina, la mujer en la cocina, con grandes relatos de auto ayuda, haciendo bricollage y entreteniéndose con una papelitos de colores, mientras el mundo pasa por afuera.

Si esto ya no es así, ¿por qué lo seguimos sosteniendo? Se sigue manteniendo el mito, nos transmiten el mito, construimos el mito, compramos el mito, cuando ya no tiene fundamento. Estalló la Mujer. Y quedamos las mujeres. 

Me gusta ser mujer, claramente. Pero no me gusta ser Mujer. Esa Mujer no existe. Y no me gusta. No me gusta que hayamos sido condenadas a depender de Mr. Musculo.

martes, 16 de noviembre de 2010

La Verdad en los Kalinga



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"La Verdad en los Kalinga"

En una aldea filipina, al norte de la isla de Luzon, los Kalinga tenían una tradición antiquísima denominada, en español, “La fiesta de la Verdad”. Verdad traducida al español, verdad que no tiene que ver con lo que los Kalinga consideraran verdadero o falso. Verdad que podría reducirse o ampliarse a lo circulante y latente, atravesado por lo no dicho.
Bien podría habérsela llamado Fiesta de la Sinceridad, también significada al español, pero no hay traducción posible que abarque todo lo que acontecía, lo que se manifestaba y lo que no. Sucedía a fin de año, que no por azar, no caía en diciembre. Allí concurría cada aldeano y cada aldeana, se colgaba en la espalda un pequeño trozo fino de madera y los demás aldeanos y aldeanas debían clavar, pegar o sostener sobre ella algún tipo de símbolo de lo que querían comunicarle. Lo que se comunicaba era SU verdad, su deseo, su imposible. Podía llamarse la fiesta de lo no dicho. Todo lo que durante el año
Kalinga no se había verbalizado, se simbolizaba sobre esa madera que yacía sobre la espalda de cada aldeano.
Sin edades. Sin escalas. Sin jerarquías. La Fiesta de la Verdad era el momento oportuno para que cada quien pusiera en la espalda de cada cual lo que necesitaba quitar de sí mismo.
Con el correr de los siglos, pasadas las invasiones Españolas, Japonesas y Estadounidenses, las tablas se fueron transformando en hojas. Los símbolos se fueron transformando en tinta. Y a veces, sin hojas y sin tinta, solo con voces. Lo importante era poner en otro lo no dicho, hacerlo visible, darle realidad.
El problema más grande se presentó cuando un aldeano concurrió a la última fiesta de la verdad, con su hoja y su tinta. Abrió la puerta. Y se encontró solo. Su hoja vacía pesaba más que nunca y su tinta se en agua corriente bajo sus pies; verdades que brotaban a borbotones, sin hoja para escribir, sin oído al cual hablarle
Su saliva, su sangre, su semen, su sudor… Todo su cuerpo se preparaba para la verdad. Pero su tinta y su voz debieron correr, hacia márgenes impensadas, hacia hojas ausentes, en laberintos desorbitantes de silencios inesperados.
En mi Fiesta de la Verdad, sola me encontré, con el peso desgarrador de mis hojas en blanco, con la tinta desgajando cada parte de lo que no llegue a decir.
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Letra de "Dejate Convencer"

Déjate convencer.
Ya habrá alguien que se haga cargo de recoger las culpas de este pecado.
A donde iré, sin este abrazo.
No te puedes negar, no sea que nuestro pasado nos llegué a atrapar.
Esta noche está en nuestras manos decir alguna verdad
que ya, que ya mentimos a diario.
Anda, echa un vistazo a tu alrededor, no seas tonta,
mira que no hay un alma que llevarse a la boca,
que hay que repartir caricias y esta noche me toca.
Que yo también comparto los mismos miedos,
también busco una cinta para atar el tiempo.
También arrastro conmigo una cadena de sueños
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domingo, 14 de noviembre de 2010

Cheers, Darling by Damien Rice live in BA

http://www.azlyrics.com/lyrics/damienrice/cheersdarlin.html

Cheers darlin'

Here's to you and your lover girl

Cheers darlin'

I just hang around and eat from a can

Cheers darlin'I got a ribbon of green on my guitar

Cheers darlin'I got a beauty queen

To sit not very far from me

I die when she comes around

To take you home

I'm too shy

I should have kissed you when we were alone

What am I darlin'?

A whisper in your ear?

A piece of your cake?

What am I, darlin?

The woman you can fear?

Or your biggest mistake?

Oh what am I?

What am I darlin'?

I got years to wait...

sábado, 13 de noviembre de 2010

Movimiento

Me bamboleo, cambio, avanzo y retrocedo.
Sueño despierta, amanezco pretendiendo que te sigo soñando.
Y la distancia desaparece. Se agranda lo cercano. Rodeada de agua, de mares, de ríos agitados, despierto.
Cada parte de mi cuerpo grita, desespera, aumenta y se reduce.
Y aquel 'jamás' que he escuchado, debería haber sido un 'por lo pronto'.
Hubo un 'siempre' que, soñado, era más irreal que este 'nunca' que hoy imagino. 
Si tengo tus ojos, se sellan mis labios. Me desarmás con simplemente recorrer mi lugar.
Ya no puedo jugar a sostenerte, fingir que no te escucho, mirar hacia otro lado.
Fueron cinco pasos que te acercaron a mi. Afirmé que podía ser yo.
Vos hiciste hablar a los planetas.
Sos lo real que se me escapa, que rodeo y que no tengo.
Certezas sin certezas, fragmentos de fragmentos.
Y temo. Y hoy estoy acá.
Rindiéndome ante la desesperación intacta de necesitar lo que no tengo.
Ante la soledad, pero también ante el consuelo.
Ante la presencia intangible. Y también ante lo tangible.
Sos un instante.
Un instante que me permite fugar por aristas.
Imaginar las telas. Imaginar la humedad.
Sentir el calor. Y tener frio.
Le doy sentido a tus miradas, armo entramados de sentido con tus gestos.
Se los das al mundo. Los dirijo a mi.
Pienso en un propósito explícito del intercambio.
Cabellos enredados, mejillas sonrojadas, manos temblorosas, pechos encendidos, labios que ya no escucho, ojos que me dejan sin palabras.
Roces, tactos, sudor. Cuerpos reconociendose. Mucho silencio del que no logro escaparme.
Con tu frente marchita, entre mascaradas e imposturas,
te encuentro agalmática, como el primer dia.
Quiero acariciar el relax, quiero acariciar la paz.
Necesito nadarte, transformartu piel en mis sábanas.
Rodearme del nectar que solo una boca produce,
y derrama sobre mi.
Entre la presión y el relax.
Entre pensarte y sentirte.
Entre la resignación y el porqué.

Encuentros

Había encuentros y desencuentros. Estábamos todos, aunque no éramos todo. Éramos pequeños fragmentos de un todo que no estaba pero que estaba latiendo. Y nos reconocíamos cuando nos mirábamos. Yo me reconocí en miles de caras. Mi  identidad la reconocía en muchas personas que me miraban, en esos abrazos que estremecían. Y aquietaron mis ansiedades.

Homosexuales y heterosexuales. Gays, putos, lesbianas, tortas, bisexuales, straights, pakis, plurisexuales, multisexuales, dúos, tríos, cuartetos, parejas, solter@s, familias, niñ@s, jóvenes, adult@s, activ@s, pasiv@s/as, bambulas, jeans, cueros, camisas, vestidos, bermudas, zapatos, zapatillas, disfraces.

Había besos que ya no se escondían, que se daban a plena luz del día. Se hacían visibles ante la luz de una multitud. Y roces y juegos y abrazos y sonrisas y recuerdos oscuros… que tomaban luz.

En el mismo lugar donde hace meses, miles de personas se rasgaban las vestiduras naranjas. Ese mismo lugar hoy era multicolor. Multi – color. Éramos múltiples, no había un solo llamado ni una sola voz. Lo que nos unía era lo múltiple que atravesaba nuestros cuerpos. Éramos cuerpos, algo dóciles, pero al grito de “SOY!” parecíamos no serlo tanto. Varios “hasta luego” a lo uno.

No sé si el nombre “Marcha del Orgullo” era una forma de nombrarla. Es decir, sí, se la nombraba y por eso era una forma. Pero, ¿orgullo de qué? Mi “orgullo” no era por ser gay. Sí sentía orgullo por poder decirlo. Y comenzaron a concatenarse los “SOY”. Y en eso sí sentía orgullo.

Un vecino de hace años me encontró caminando. Y yo lo encontré a él. Nos encontramos en una mirada, con los ojos bien abiertos. Se me acerco, me abrazó como si en todos esos años de conocernos, nunca nos hubiéramos conocido. “SOS TORTA?!”, preguntó exclamando. “SOY”, respondí con una sonrisa.
El valor del soy resonó en él mismo. “YO SOY PUTO!”, gritó. Y a eso le siguió un abrazo todavía más fuerte. Porque ahí realmente nos estábamos abrazando a nosotros mismos.









Caminamos unas diez cuadras. Era el momento en el que tenía que irme. Mi vecino me dice que no lo comente en el barrio, porque en Pompeya, ser puto es la antesala de no ser. Yo le sonrío. Y me voy. Él iba a dejar de ser él mismo, cuando se apagara la marcha y llegara a nuestro barrio. Y me fui esperando encontrarlo nuevamente. A Él.

Me subo a un taxi. El taxista sería homofóbico. O marcha-fóbico. O corte-fóbico. O fiesta-fóbico. No sé muy bien. Pero no le gustaba tener que atravesar la marcha con su auto.
-¡AY! ¡Estos Putos!
-También hay “tortas”, no se olvide.
-Bueno, pero eso es distinto.
-¿Cómo es distinto?
-Y sí. Soy hombre. Dos mujeres es algo lindo de ver. Pero dos hombres no. Mirá ese camión lleno de putos. Son un asco! Las mujeres no son un asco.

Yo esperaba que Radio 10 estuviera en el fondo, pero no. El señor venía escuchando un tango cantado justamente por una mujer. No quería pensar en el sentido de “no son un asco”, hasta que él continuó.
-Yo soy hombre, así que me va a gustar ver a dos mujeres, capaz a vos te gusta ver a dos tipos porque sos mujer.
Categorías a la vista.
-Soy mujer, pero no me gustan los hombres. Tampoco me parece ni lindo ni feo ver a dos mujeres.
-¡¡No me digas que sos lesbiana!!
Y llego mi segundo “SOY” del día.
-Pero no sos un macho.
-No, soy mujer.
-Si, pero… tenés el pelo largo, estás maquillada, te vestís como una mujer, no sos un hombre.
-Si fuera hombre sería heterosexual, señor. Yo soy mujer. Soy lesbiana. O torta, como más le guste.
-Pero entonces no sos… así… mujer con todas las letras.
-Sí señor. Yo soy mujer. Soy de sexo Femenino. Mi cuerpo me dice que soy mujer. Que sea mujer no quiere decir que me tengan que gustar los hombres.
-Disculpame, nena, pero si sos mujer te tienen que gustar los hombres. No te quiero ofender eh… todo bien. Pero no entiendo.
Ahí. En su no entender estaba todo. No entiendo. Miedo. No sé qué es “lo otro” que es distinto a mi y encima lo tengo en mi auto. Pero sin dudas, dos mujeres juntas te gustan. ¿Esas no son mujeres tampoco?
-Una cosa es ser mujer, y otra cosa es ser mujer heterosexual. Yo soy mujer, no soy hombre. Y me gustan las mujeres.
-Y vos pensas que es una enfermedad?
Decido callarme.
-No te quiero ofender eh.
-No se preocupe señor, no me ofende. Yo entiendo que no entienda. Pero soy mujer. Y soy homosexual. Soy lesbiana, torta, como más le guste.
-No entiendo. Disculpame, pero no puedo entender.
Siguiendo por esa discusión acerca de qué es ser hombre, qué es ser mujer, qué diferencia hay entre el género y la sexualidad, llegué a mi destino. Me esperaba una amiga para cenar.
-Son 25$. Suerte con tu novia!
-Te dejo 30$. No es mi novia, es mi amiga.
-Amiga nada más? Pero vos no eras lesbiana?
-Te dejo 30$. Que tengas una buena noche.